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noviembre/2012

Número 04

La ciudad de abajo arriba. Aportaciones para la práctica y la teoría del urbanismo participativo

La necesidad de recuperar la ciudad como construcción colectiva y de ampliar los escenarios de apropiación de lo urbano por parte de la ciudadanía aparece cada vez más como una herramienta fundamental para hacer frente desde la óptica de la sostenibilidad al embate de una crisis múltiple que engloba lo económi-co, lo social y lo ambiental y que se encarna de forma especialmente virulenta en la realidad urbano-territorial. Hoy más que nunca vemos en nuestras ciudades y campos los efectos desastrosos de todos aquellos procesos de transformación en los que la toma de decisiones se ha producido a gran distancia de quienes ahora los están sufriendo, y siguiendo lógicas muy ajenas a las necesidades y deseos de los ciuda-danos.

Sin embargo, a pesar de que esta constatación ha acabado situándose cada vez más en primer plano en las reflexiones y prácticas más avanzadas en el campo del urbanismo, y de que la palabra participación se ofrece cada vez de forma más ubicua en muchos documentos y políticas institucionales, lo cierto es que nuestro país aún está muy lejos de haber salvado, en lo que respecta a la realidad cotidiana del urbanismo participativo, la gran distancia que lo separa de otros países europeos, en algunos de los cuales las primeras experiencias de calado se remontan a hace casi treinta años. Son múltiples las razones para este retraso, y muchas tienen que ver con el déficit en cultura democrática que ha sufrido la sociedad española durante varias generaciones y que ha dejado una profunda huella en nuestra forma de entender lo público.

Por otra parte, aunque puntuales y en general desconectadas, son ya numerosas las experiencias de urbanismo participativo a todas las escalas que se han producido en las últimas décadas en nuestro país, convirtiéndose algunas de ellas en incuestionables referencias; y es preciso señalar también que, en lo que respecta a la apuesta social e institucional por un urbanismo de los ciudadanos, las diferencias entre unas y otras realidades autonómicas empiezan a ser verdaderamente llamativas. Todo ello se traduce en un panorama desigual y heterogéneo que urge cartografiar para seguir avanzando.

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